EL SILENCIO DONDE SE FORJÓ LA REDENCIÓN (PP Pablo VI) En Nazaret reinaba un ambiente de paz, una armonía extraordinaria, tanto José como María tenían una gran experiencia de Dios que les permitía trabajar siempre en un clima de oración, el silencio hacía accesible la palabra de Dios en la mente y en el corazón de estas criaturas que estaban asociadas a la redención. Bendito silencio de Nazaret, ¿quién puede pasar desapercibido cuando vive con Jesús, José y María? Nadie mejor que ellos tres para enseñar el valor de la obediencia amorosa al plan de Dios, el darlo todo por los demás incluso a costa de uno mismo, el alto grado de sacrificio por amor, la capacidad de docilidad en sus almas, un pequeño cielo, eso era Nazaret. Hoy tenemos necesidad de esta experiencia de Dios vivida hasta el extremo, pero más que un ambiente físico externo, es la necesidad de situar nuestra vida interior en la sociedad que inspira la humilde casa de Nazaret. Tan pobre en lo material y rico en lo espiritual, tan vacío del ruido de todo lo que distorsiona la comunicación con Dios y tan lleno de momentos de encuentro con el Dios de la historia. Silenciemos nuestra mente y nuestro corazón, dejemos a un lado el afán, las preocupaciones, el bullicio del correr de un lado a otro haciendo cosas externas, detengámonos un momento para lograr abrir la puerta a Jesús que lleva mucho tiempo llamando a la puerta pero con tantas cosas ni siquiera lo hemos escuchado. Hoy el mundo nos abruma y nos hace ver que todo lo que nos ofrece es necesario para existir y alcanzar la felicidad, Jesús se presenta humildemente con sencillez y nos ofrece su mano para seguirlo después de una vida incómoda, de sacrificio, de aniquilación, de abandono, de pureza, de misericordia, de amor para alcanzar la verdadera felicidad, es decir, la eternidad en su presencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario