miércoles, 7 de mayo de 2025

CONVERSANDO DESDE EL SILENCIO

 Frecuentemente me han preguntado cómo ha aparecido en mi vida el silencio; por qué me he decidido a vivir esta aventura. La respuesta, de repente, es bien sencilla. Por debilidad, por necesidad. Como si fuera mi punto flaco. No hay nada extraordinario ni asombroso en todo esto. Y es como una herida que no tiene cura.

Hay edades en que uno vive más bien pasión por la palabra; otras, en cambio, se experimenta pasión por el silencio.

Uno se puede sentir como arrojado al silencio gracias a las insatisfacciones que es innecesario nombrar. Pero no puede por menos que confesar que la insatisfacción que preside las bienaventuranzas de Jesús, las que dice el evangelio y las que sugiere, son provocadoras del silencio. Y es cierto que se desembarca en el silencio al cerrarse todas las puertas y todas las salidas, aunque el verdadero callejón sin salida es el silencio mismo. Pues, ¿dónde ir si estás en un mar sin costas, sin periferias?; pero esa plenitud es la más inmensa belleza.

En este sentido, la aventura del silencio es evasión de la vida. Hay mil maneras de huir de la vida. Y uno se resiste a pronunciar esa palabra. Pero creo que el silencio no es un suicidio sino, más bien, la desembocadura en la vida misma. Esa vida es eterno fluir. Quizá, por eso una de las imágenes más bellas de la vida es la que nos proporciona Jesús al decirnos que en hombre hay una fuente. Y no es el hombre un estanque, agua detenida, sino agua que fluye sin cesar. El agua estancada se corrompe, el agua que se mueve en eterno fluir es más pura.

Así mismo, se puede reconocer que el silencio conlleva una profunda repercusión social. El que va impregnado de silencio ejerce una bondadosa influencia sin casi pretenderlo. No se vive el silencio para sí mismo. Como el sol no luce para sí, ni la lluvia cae para sí. Viene a ser el silencio la comunión con todos.

Otro interrogante que me han propuesto es cómo siendo dominico he puesto el acento, de alguna manera, en el silencio. Mi padre santo Domingo es el santo de la Palabra. Pero también, y antes, es el santo del silencio. Y es que la palabra no es nada sin el silencio. Como si palabra buscara su contrario o su aparente en enemigo, el silencio. Y así el silencio viene a ser como el lecho y el alumbramiento de la Palabra. La misma oración se puede expresar como la alianza, las bodas, del silencio y la Palabra. Palabra y silencio no son rivales. En la oración, uno el hombre pone el silencio y Dios pone la Palabra. Es en la noche donde luce la estrella, y es en el silencio donde es vista la Palabra. La Palabra desprendida del silencio se vuelve plenamente palabra al ser acogida en el silencio que le da sonoridad.

En el evangelio me he encontrado con mil versos que me han invitado y sugerido ir adentro. Uno de ellos es aquella palabra de Jesús en que nos asegura: «Vendremos al hombre y en él haremos morada». Siempre en el silencio alguien nos da la bienvenida. Dentro está el maestro al que no hemos escuchado lo suficiente. Es por eso que el silencio no precisa ninguna justificación, como no la necesita la belleza. Sólo se puede vivir enamorada y gratuitamente.

Sé que del silencio no se puede hablar. No caben las palabras. Dios mismo es el que menos habla. En una única Palabra lo dice todo. Todo su silencio se revela en Jesús. Y ninguna de nuestras palabras expresan al indecible. Pero el silencio nos conduce y canta al inefable, al innombrable.

El silencio, por otra parte no es mudez. No sólo se acalla la verbalización. Todas las capas periféricas se han de sosegar, entrar en una cierta calma. Particularmente es nuestro yo superficial el que debe silenciarse. Su afán de hacer, de tener, de dominar, entran en un desfallecimiento ya en los primeros pasos del silencio. El silencio puro está más allá de las palabras de los sentimientos, de las ilusiones; se ha inaugurado el silencio verdadero al desmayarse el yo superficial.

La verdad es que me he resistido a que este texto se publique. Pero me he dado cuenta poco a poco de que no me pertenece. No sólo porque lo han elaborado M.ª Pilar Ramos y Emilio Rodríguez con empeño y afecto, sino porque una conversación es siempre algo inacabado. Ahora este escrito no admite injertos ni amputaciones. Además, por ser lo que es, conversaciones, me siento deudor de todos los que me han acompañado e inspirado y se han ido en este camino. Y es ahí, en el camino, donde el silencio, el maestro que él es, nos enseña las Escrituras.

Antes de poner punto final, me gustaría reconocer que lo que diga el silencio nada ni nadie lo puede decir. El silencio muestra lo que a veces las palabras ocultan. Pues la palabra siempre es una limitación, mientras que el silencia es todo revelación.

Pamplona, 1 de noviembre de 1994. José F. Moratiel O.P.

domingo, 27 de octubre de 2013

EL SILENCIO DE NAZARETH

EL SILENCIO DONDE SE FORJÓ LA REDENCIÓN (PP Pablo VI) En Nazaret reinaba un ambiente de paz, una armonía extraordinaria, tanto José como María tenían una gran experiencia de Dios que les permitía trabajar siempre en un clima de oración, el silencio hacía accesible la palabra de Dios en la mente y en el corazón de estas criaturas que estaban asociadas a la redención. Bendito silencio de Nazaret, ¿quién puede pasar desapercibido cuando vive con Jesús, José y María? Nadie mejor que ellos tres para enseñar el valor de la obediencia amorosa al plan de Dios, el darlo todo por los demás incluso a costa de uno mismo, el alto grado de sacrificio por amor, la capacidad de docilidad en sus almas, un pequeño cielo, eso era Nazaret. Hoy tenemos necesidad de esta experiencia de Dios vivida hasta el extremo, pero más que un ambiente físico externo, es la necesidad de situar nuestra vida interior en la sociedad que inspira la humilde casa de Nazaret. Tan pobre en lo material y rico en lo espiritual, tan vacío del ruido de todo lo que distorsiona la comunicación con Dios y tan lleno de momentos de encuentro con el Dios de la historia. Silenciemos nuestra mente y nuestro corazón, dejemos a un lado el afán, las preocupaciones, el bullicio del correr de un lado a otro haciendo cosas externas, detengámonos un momento para lograr abrir la puerta a Jesús que lleva mucho tiempo llamando a la puerta pero con tantas cosas ni siquiera lo hemos escuchado. Hoy el mundo nos abruma y nos hace ver que todo lo que nos ofrece es necesario para existir y alcanzar la felicidad, Jesús se presenta humildemente con sencillez y nos ofrece su mano para seguirlo después de una vida incómoda, de sacrificio, de aniquilación, de abandono, de pureza, de misericordia, de amor para alcanzar la verdadera felicidad, es decir, la eternidad en su presencia.








EL SILENCIO HABLA POR SÍ SOLO

Solo cuando logramos un silencio en nuestro interior, logramos contemplar mas allá de lo que nuestros sentidos pueden percibir. Solo con el silencio nuestra alma adquiere la capacidad para elevarse mas allá de lo trascendente y experimentar las dulzuras de Dios. ¨Pero estos goces no se logran sino con la paciencia, el sacrificio y la violencia interior, es un camino de lucha con sigo mismo, con la mente y los sentidos. Lucha que con la ayuda de Dios termina en victoria, lucha que puede tardar días, meses o años.

EN EL SILENCIO DEL CORAZÓN

Las respuestas de Dios no se pueden oír en medio del bullicio, es por eso quizá que muchas veces no las comprendemos y pasan desapercibidas a nuestro entendimiento pensando que Él no nos responde... y no se trata sólo de los ruidos que nos rodean externamente y que provienen del mundo, sino de aquellos que guardamos en el propio interior. ¡Qué gran reto es hacer silencio por dentro!, callar tantos pensamientos, palabras, preocupaciones, aún los mismos sentidos, para poder escuchar la suave Voz de Cristo que nos habla en lo profundo y nos indica cómo continuar el camino.

La condición fundamental para hacer oración y experimentarla como un verdadero diálogo de Persona a persona, es el silencio del corazón.

Vivamos más hacia dentro, más en la intimidad de nuestro corazón con el de Dios y podremos comprender mejor y abrazar con más amor su Voluntad. (tomado de FACEBOOK)
ESTA NOCHE

Olvídate de todo por unos minutos, busca estar a solas un rato, arrodilla tu corazón y tu cuerpo y habla con Él.

Deja de un lado el celular, la tele, el computador, el ruido, y en silencio escucha los latidos de tu corazón y los latidos del Corazón de Dios. Cuéntale tus cosas, eso que guardas dentro y que no hablas con nadie, dile de tus alegría y temores, dale las gracias por la certeza de su Presencia este día y todos los días, pídele perdón por lo que no has hecho bien... en fin, deja fluir la conversación como en un encuentro de amigos y escúchale también, Él tiene mucho para decirte, pero quizás te resuma todo en dos palabras: "Te amo".

Siéntelo dentro cómo te acaricia el alma y descansa... Él te ama, eso basta.

Mañana será otro día, vuelve a encontrarte con tu Amigo muy temprano, también en el transcurso del día y en la noche como hoy... y luego un día y otro, hasta el encuentro definitivo en la eternidad.

Buenas noches. ( P. GUILLERMO SERRA L.C Tomado del FACEBOOK.)



lunes, 18 de marzo de 2013

Llena de fe y confianza en el dulcísimo esposo de María, me abandono a su poder. Santísimo José, has que vivamos una vida santa bajo tu patrocinio.
(S. D. María Sara)

viernes, 25 de enero de 2013



EL SILENCIO ES EL ESPEJO QUE NOS REVELA LA VERDAD.


 El silencio es el medio propicio para el encuentro con el Amado, solo de esta forma logramos descubrir sus planes en nuestras vidas, es cerrar los ojos mirar hacia nuestro interior y darnos cuenta de lo que Él quiere de nosostros.

Dios en su infinita misericordia se muestra para que le adoremos y alabemos con una vida mucho mas digna; quienes hemos experimentado un proceso fuerte de conversión podemos testificar que aunque es hermoso conocerle, es duro el proceso de conversión mas aun cuando el desprecio de nuestra vida de pecado se empieza a dar, pues es doloroso darnos cuenta cuan equivocados actuábamos, haciendo daño a otros. Cuando el Señor se digna a mostrarnos su amor nos sentimos tan indignos ante un amor tan puro y claro. Como diría Santa Catalina “cada vez me acerco mas a  Dios, a la luz, esto me lleva a ver mas claramente mi vestido sucio y roto. Qué indignidad, ante un ser tan impecable.”. nuestro amor es tan imperfecto si lo comparo con tan magno corazón.

El verdadero amor a Dios es aquel que lucha en sí mismo por un deshacimiento, hacerse nada para que Él sea el todo. Su Palabra como espada afilada de dos filos que llega hasta lo profundo del ser donde se separa el alma del espíritu, donde  todo es claro para sus ojos , donde Él lo conoce todo, nos exige un cambio que se inicia desde nuestras propias entrañas, este  cambio debe ser radical y constante. De lo contrario solo que quedará en hermosos propósitos y de buenas intenciones está empedrado el infierno.


Dios ha hecho mucho por nosotros, el permitirnos reconocer su amor, su gloria es el primer paso, ahora necesita que renovemos nuestra filiación a su proyecto de salvación. El Señor debe ser para nosotros nuestro todo, todo fuera de Dios debe ser basura para nosotros, nada  ninguna alegría o gozo fuera de Dios no tiene sentido y nos puede separar de este verdadero y puro amor.


La alianza que Dios quiere hacer para con nosotros es de amor y lealtad, donde Él pone su gracia y nosotros nuestra libertad, que es lo que nos pertenece pues todo lo demás nos lo ha dado Él. Grandes cosas hará Él cuando como María le demos nuestro SI, pero un  si completo no a medias, donde es todo o nada.


la lucha es constante y sin  tregua, es perpetua y no tiene descanso, mantenernos el esta alianza es la lucha que debemos librar por los días que nos tenga en este tiempo caduco, así sabremos donde nos corresponderá vivir el tiempo eterno.


Las luchas hoy no es ante hombres de carne y hueso, sino ante poderíos y potestades invisibles del mal. Solo en el Todopoderoso encontramos las armas y la fortaleza para vencer. Así como S. Pablo nos propone una armadura que nos ayudará para librar esta batalla continua y sin tregua, para alcanzar la gracia de gozar de la pesencia de Dios en la eternidad.