miércoles, 7 de mayo de 2025

CONVERSANDO DESDE EL SILENCIO

 Frecuentemente me han preguntado cómo ha aparecido en mi vida el silencio; por qué me he decidido a vivir esta aventura. La respuesta, de repente, es bien sencilla. Por debilidad, por necesidad. Como si fuera mi punto flaco. No hay nada extraordinario ni asombroso en todo esto. Y es como una herida que no tiene cura.

Hay edades en que uno vive más bien pasión por la palabra; otras, en cambio, se experimenta pasión por el silencio.

Uno se puede sentir como arrojado al silencio gracias a las insatisfacciones que es innecesario nombrar. Pero no puede por menos que confesar que la insatisfacción que preside las bienaventuranzas de Jesús, las que dice el evangelio y las que sugiere, son provocadoras del silencio. Y es cierto que se desembarca en el silencio al cerrarse todas las puertas y todas las salidas, aunque el verdadero callejón sin salida es el silencio mismo. Pues, ¿dónde ir si estás en un mar sin costas, sin periferias?; pero esa plenitud es la más inmensa belleza.

En este sentido, la aventura del silencio es evasión de la vida. Hay mil maneras de huir de la vida. Y uno se resiste a pronunciar esa palabra. Pero creo que el silencio no es un suicidio sino, más bien, la desembocadura en la vida misma. Esa vida es eterno fluir. Quizá, por eso una de las imágenes más bellas de la vida es la que nos proporciona Jesús al decirnos que en hombre hay una fuente. Y no es el hombre un estanque, agua detenida, sino agua que fluye sin cesar. El agua estancada se corrompe, el agua que se mueve en eterno fluir es más pura.

Así mismo, se puede reconocer que el silencio conlleva una profunda repercusión social. El que va impregnado de silencio ejerce una bondadosa influencia sin casi pretenderlo. No se vive el silencio para sí mismo. Como el sol no luce para sí, ni la lluvia cae para sí. Viene a ser el silencio la comunión con todos.

Otro interrogante que me han propuesto es cómo siendo dominico he puesto el acento, de alguna manera, en el silencio. Mi padre santo Domingo es el santo de la Palabra. Pero también, y antes, es el santo del silencio. Y es que la palabra no es nada sin el silencio. Como si palabra buscara su contrario o su aparente en enemigo, el silencio. Y así el silencio viene a ser como el lecho y el alumbramiento de la Palabra. La misma oración se puede expresar como la alianza, las bodas, del silencio y la Palabra. Palabra y silencio no son rivales. En la oración, uno el hombre pone el silencio y Dios pone la Palabra. Es en la noche donde luce la estrella, y es en el silencio donde es vista la Palabra. La Palabra desprendida del silencio se vuelve plenamente palabra al ser acogida en el silencio que le da sonoridad.

En el evangelio me he encontrado con mil versos que me han invitado y sugerido ir adentro. Uno de ellos es aquella palabra de Jesús en que nos asegura: «Vendremos al hombre y en él haremos morada». Siempre en el silencio alguien nos da la bienvenida. Dentro está el maestro al que no hemos escuchado lo suficiente. Es por eso que el silencio no precisa ninguna justificación, como no la necesita la belleza. Sólo se puede vivir enamorada y gratuitamente.

Sé que del silencio no se puede hablar. No caben las palabras. Dios mismo es el que menos habla. En una única Palabra lo dice todo. Todo su silencio se revela en Jesús. Y ninguna de nuestras palabras expresan al indecible. Pero el silencio nos conduce y canta al inefable, al innombrable.

El silencio, por otra parte no es mudez. No sólo se acalla la verbalización. Todas las capas periféricas se han de sosegar, entrar en una cierta calma. Particularmente es nuestro yo superficial el que debe silenciarse. Su afán de hacer, de tener, de dominar, entran en un desfallecimiento ya en los primeros pasos del silencio. El silencio puro está más allá de las palabras de los sentimientos, de las ilusiones; se ha inaugurado el silencio verdadero al desmayarse el yo superficial.

La verdad es que me he resistido a que este texto se publique. Pero me he dado cuenta poco a poco de que no me pertenece. No sólo porque lo han elaborado M.ª Pilar Ramos y Emilio Rodríguez con empeño y afecto, sino porque una conversación es siempre algo inacabado. Ahora este escrito no admite injertos ni amputaciones. Además, por ser lo que es, conversaciones, me siento deudor de todos los que me han acompañado e inspirado y se han ido en este camino. Y es ahí, en el camino, donde el silencio, el maestro que él es, nos enseña las Escrituras.

Antes de poner punto final, me gustaría reconocer que lo que diga el silencio nada ni nadie lo puede decir. El silencio muestra lo que a veces las palabras ocultan. Pues la palabra siempre es una limitación, mientras que el silencia es todo revelación.

Pamplona, 1 de noviembre de 1994. José F. Moratiel O.P.

domingo, 27 de octubre de 2013

EL SILENCIO DE NAZARETH

EL SILENCIO DONDE SE FORJÓ LA REDENCIÓN (PP Pablo VI) En Nazaret reinaba un ambiente de paz, una armonía extraordinaria, tanto José como María tenían una gran experiencia de Dios que les permitía trabajar siempre en un clima de oración, el silencio hacía accesible la palabra de Dios en la mente y en el corazón de estas criaturas que estaban asociadas a la redención. Bendito silencio de Nazaret, ¿quién puede pasar desapercibido cuando vive con Jesús, José y María? Nadie mejor que ellos tres para enseñar el valor de la obediencia amorosa al plan de Dios, el darlo todo por los demás incluso a costa de uno mismo, el alto grado de sacrificio por amor, la capacidad de docilidad en sus almas, un pequeño cielo, eso era Nazaret. Hoy tenemos necesidad de esta experiencia de Dios vivida hasta el extremo, pero más que un ambiente físico externo, es la necesidad de situar nuestra vida interior en la sociedad que inspira la humilde casa de Nazaret. Tan pobre en lo material y rico en lo espiritual, tan vacío del ruido de todo lo que distorsiona la comunicación con Dios y tan lleno de momentos de encuentro con el Dios de la historia. Silenciemos nuestra mente y nuestro corazón, dejemos a un lado el afán, las preocupaciones, el bullicio del correr de un lado a otro haciendo cosas externas, detengámonos un momento para lograr abrir la puerta a Jesús que lleva mucho tiempo llamando a la puerta pero con tantas cosas ni siquiera lo hemos escuchado. Hoy el mundo nos abruma y nos hace ver que todo lo que nos ofrece es necesario para existir y alcanzar la felicidad, Jesús se presenta humildemente con sencillez y nos ofrece su mano para seguirlo después de una vida incómoda, de sacrificio, de aniquilación, de abandono, de pureza, de misericordia, de amor para alcanzar la verdadera felicidad, es decir, la eternidad en su presencia.








EL SILENCIO HABLA POR SÍ SOLO

Solo cuando logramos un silencio en nuestro interior, logramos contemplar mas allá de lo que nuestros sentidos pueden percibir. Solo con el silencio nuestra alma adquiere la capacidad para elevarse mas allá de lo trascendente y experimentar las dulzuras de Dios. ¨Pero estos goces no se logran sino con la paciencia, el sacrificio y la violencia interior, es un camino de lucha con sigo mismo, con la mente y los sentidos. Lucha que con la ayuda de Dios termina en victoria, lucha que puede tardar días, meses o años.

EN EL SILENCIO DEL CORAZÓN

Las respuestas de Dios no se pueden oír en medio del bullicio, es por eso quizá que muchas veces no las comprendemos y pasan desapercibidas a nuestro entendimiento pensando que Él no nos responde... y no se trata sólo de los ruidos que nos rodean externamente y que provienen del mundo, sino de aquellos que guardamos en el propio interior. ¡Qué gran reto es hacer silencio por dentro!, callar tantos pensamientos, palabras, preocupaciones, aún los mismos sentidos, para poder escuchar la suave Voz de Cristo que nos habla en lo profundo y nos indica cómo continuar el camino.

La condición fundamental para hacer oración y experimentarla como un verdadero diálogo de Persona a persona, es el silencio del corazón.

Vivamos más hacia dentro, más en la intimidad de nuestro corazón con el de Dios y podremos comprender mejor y abrazar con más amor su Voluntad. (tomado de FACEBOOK)
ESTA NOCHE

Olvídate de todo por unos minutos, busca estar a solas un rato, arrodilla tu corazón y tu cuerpo y habla con Él.

Deja de un lado el celular, la tele, el computador, el ruido, y en silencio escucha los latidos de tu corazón y los latidos del Corazón de Dios. Cuéntale tus cosas, eso que guardas dentro y que no hablas con nadie, dile de tus alegría y temores, dale las gracias por la certeza de su Presencia este día y todos los días, pídele perdón por lo que no has hecho bien... en fin, deja fluir la conversación como en un encuentro de amigos y escúchale también, Él tiene mucho para decirte, pero quizás te resuma todo en dos palabras: "Te amo".

Siéntelo dentro cómo te acaricia el alma y descansa... Él te ama, eso basta.

Mañana será otro día, vuelve a encontrarte con tu Amigo muy temprano, también en el transcurso del día y en la noche como hoy... y luego un día y otro, hasta el encuentro definitivo en la eternidad.

Buenas noches. ( P. GUILLERMO SERRA L.C Tomado del FACEBOOK.)



lunes, 18 de marzo de 2013

Llena de fe y confianza en el dulcísimo esposo de María, me abandono a su poder. Santísimo José, has que vivamos una vida santa bajo tu patrocinio.
(S. D. María Sara)

viernes, 25 de enero de 2013



EL SILENCIO ES EL ESPEJO QUE NOS REVELA LA VERDAD.


 El silencio es el medio propicio para el encuentro con el Amado, solo de esta forma logramos descubrir sus planes en nuestras vidas, es cerrar los ojos mirar hacia nuestro interior y darnos cuenta de lo que Él quiere de nosostros.

Dios en su infinita misericordia se muestra para que le adoremos y alabemos con una vida mucho mas digna; quienes hemos experimentado un proceso fuerte de conversión podemos testificar que aunque es hermoso conocerle, es duro el proceso de conversión mas aun cuando el desprecio de nuestra vida de pecado se empieza a dar, pues es doloroso darnos cuenta cuan equivocados actuábamos, haciendo daño a otros. Cuando el Señor se digna a mostrarnos su amor nos sentimos tan indignos ante un amor tan puro y claro. Como diría Santa Catalina “cada vez me acerco mas a  Dios, a la luz, esto me lleva a ver mas claramente mi vestido sucio y roto. Qué indignidad, ante un ser tan impecable.”. nuestro amor es tan imperfecto si lo comparo con tan magno corazón.

El verdadero amor a Dios es aquel que lucha en sí mismo por un deshacimiento, hacerse nada para que Él sea el todo. Su Palabra como espada afilada de dos filos que llega hasta lo profundo del ser donde se separa el alma del espíritu, donde  todo es claro para sus ojos , donde Él lo conoce todo, nos exige un cambio que se inicia desde nuestras propias entrañas, este  cambio debe ser radical y constante. De lo contrario solo que quedará en hermosos propósitos y de buenas intenciones está empedrado el infierno.


Dios ha hecho mucho por nosotros, el permitirnos reconocer su amor, su gloria es el primer paso, ahora necesita que renovemos nuestra filiación a su proyecto de salvación. El Señor debe ser para nosotros nuestro todo, todo fuera de Dios debe ser basura para nosotros, nada  ninguna alegría o gozo fuera de Dios no tiene sentido y nos puede separar de este verdadero y puro amor.


La alianza que Dios quiere hacer para con nosotros es de amor y lealtad, donde Él pone su gracia y nosotros nuestra libertad, que es lo que nos pertenece pues todo lo demás nos lo ha dado Él. Grandes cosas hará Él cuando como María le demos nuestro SI, pero un  si completo no a medias, donde es todo o nada.


la lucha es constante y sin  tregua, es perpetua y no tiene descanso, mantenernos el esta alianza es la lucha que debemos librar por los días que nos tenga en este tiempo caduco, así sabremos donde nos corresponderá vivir el tiempo eterno.


Las luchas hoy no es ante hombres de carne y hueso, sino ante poderíos y potestades invisibles del mal. Solo en el Todopoderoso encontramos las armas y la fortaleza para vencer. Así como S. Pablo nos propone una armadura que nos ayudará para librar esta batalla continua y sin tregua, para alcanzar la gracia de gozar de la pesencia de Dios en la eternidad.

sábado, 12 de enero de 2013

EL SILENCIO: NECESIDAD DE NUESTRA ALMA

LA VIDA INTERIOR NECESITA DEL SILENCIO.

No se puede hablar de vida interior sin hablar del silencio. Para poder escuchar necesitamos no solo el silenciarnos exteriormente sino interiormente. Dios solo habla en el silencio pues de allí nació la Palabra.
La palabra nace del interior de la persona, nace de la conexión de su pensamiento y sus sentimientos, es la primera menifestación del alma. Así mismo la Palabra divina debe nacer de esa experiencia interior que se sirve de nuestra inteligencia y de nuestros afectos para ser luego exteriorizada. Solo bastó el saludo de Maria para que su prima Isaber fuese llena del Espíritu Santo, cúanto mas puede hacer nuestra palabra cuando nace de la intimidad con Dios.
Pero para llegar a que dicha palabra sea expresada es necesario ir a lo esencial del ser para que éste tenga algo que comunicar, es ahí donde el silencio tiene su gran protagonismo, pues debemos tener una gran vida de oración para llegar a una intimidad con Dios de tal forma que nuestro espíritu se sienta movido a comunicar el fruto del encuentro de la creatura con su Creador.

Así como Sor Isabel de la Trinidad monja Carmelita, habla sobre sentirnos habitados por Dios, el sentirlo en nosotros permite que exista una relación mas estrecha, mas directa y de mayor fruto. Primero por que al sentir y hacer conciencia de que Dios nos habita especialmente despues de la Eucaristía eso permite que nos desconectemos de todo aquello que nos pueda obstaculizar aquella conexión cercana con el Señor. De tal forma que aun que no nos demos cuenta ya estamos haciendo silencio exterior y nuestra vida interior se tornará mucho mas espiritual, teniendo en cuenta que es necesario silenciar nuestra mente para poder estar atentos a las mosiones del Espíritu Divino.

El silencio nos permite admirar de manera mas clara la creación y las diferentes situaciones, lugares y personas que tocan nuestra vida. Cuando logramos un ambiente de silencio y contemplación logramos dar un paso mas en vivir en la presencia de Dios, de tener un alma agradecida al hacer conciencia de todas las bondades del Señor para con nosotros, el silencio nos permite ver con otros ojos las novedades de nuestra cotidianidad.

Dios concédenos la gracia de vivir el verdadero silencio para escucharte, para vivir en tu presencia, para reconocer tu generosidad, para admirar las bellezas de la creación, para sentirte mas cerca y poder unirme cada instante mas a ti. Amén.

miércoles, 22 de agosto de 2012

EL SILENCIO EN BELÉN



En Belén el silencio era grande, puesto que se preparaba la llegada del que iba a ser la Palabra, la cual rompería la historia desde el silencio de una vida sencilla.
Todo en el universo se silencio cuando la Palabra se hizo oir en la tierra, ésta ha sido la última revelación de Dios. Por esta razón, la verdadera palabra que viene de Dios debe ser engendrada desde el silencio.

martes, 13 de marzo de 2012

ALMA DE SILENCIO

Para realizar esta misión sublime, el alma dominicana debe ser un alma de SILENCIO. Según el lema tradicional, la palabra del fraile predicador debe brotar de un alma de sielncio: SILENTIUM, PATER PRAEDICATORUM.
un alma dominicana que no gusta de largas horas de soledad y de recogimiento se engaña si cree que su acción seguirá teniendo fecundidad espiritual. Es necesario mezclarse con la gente para obrar, pero es necesario , al mismo tiempo, saber apartarse de ella para reflexionar y orar. Santo Domingo fue un alma de gran silencio . Santo Tomás fue llamado por sus condiscípulos "el buey mudo de Sicilia".. El Padre Lacordaire preparaba sus brillantes conferencias en Notre Dame, en París durante largas jornadas de reflexión y de intimidad con Dios.
La profundidad espirirual de un alma se mide por su capacidad de silencio.

domingo, 16 de octubre de 2011

SILENCIO: Un conocimiento más profundo de Dios y el terror del alma


sábado, 8 de octubre de 2011

SILENCIO: El trabajo espiritual se hace en Soledad




El riesgo de la soledad absoluta: el eventual encuentro con la locura. Quizás se tiene miedo de la soledad porque se tiene miedo de volverse loco. ¿Por qué loco? Porque las cosas se disipan. De repente la mirada ve, el oído escucha. Un cartujo del siglo XII lo expresa, y yo comento su texto: "cuando me retiro, cuando estoy en soledad, cierro los ojos, no hay nadie alrededor mío, ningún ruido, ningún sonido. Escucho el murmullo del silencio. Y ese silencio es atravesado por gritos, por vociferaciones; son los animales que tengo en mí." En la soledad me veo. En la soledad me encuentro, me conozco.

La soledad es un espejo. Y ¿quién soporta el tener un espejo ante el rostro? Se dice a menudo y se repite que el conocimiento de sí es el más difícil de los conocimientos; la ciencia de las ciencias, el conocimiento de los conocimientos. Si uno está muy sobrecargado, si uno ve muchos rostros, si uno se mantiene en una conversación perpetua, un parloteo exterior o interior, uno no se ve. Se ve a los demás, los rostros las mímicas, pero uno no se ve. La soledad es un espejo. Un espejo excelente, un espejo que retiene todo.

Entonces uno se ve, y se siente horror. ¡Horror de sí! ¿Por qué? Porque uno ve su pobreza, su miseria, cuando lo que habría que ver sería la belleza propia. Convendría ver la grandeza. ¿Por qué una grandeza? ¿Por qué el esplendor? Porque el ser es portador de luz.

El hombre, hasta el ser humano más lastimoso, lleva en sí la imagen divina, la chispa divina. Es un recipiente de luz, de belleza. En la soledad, el hombre su coge su acuerdo con el cosmos. Comprende que él es un microcosmos, que él lleva al macrocosmos en sí. Él es Tierra, él es Aire, Agua, Fuego. Contiene las plantas, el árbol, la flor, los animales, el pájaro y la serpiente. Es un ser humano. Él puede llegar a ser un ser humano completo.


 Marie-Madeleine Davy



martes, 20 de septiembre de 2011

LA NECESIDAD DEL SILENCIO



El alma es un laberinto de pensamientos y sentimientos. Todo el día estamos construyendo una realidad que para muchos es una locura,  pues nos regimos por leyes tan ajenas a nosotros mismos que en un momento dado colapsamos.
Nuestra alma debe sentirse como un ave en pleno vuelo, experimentar la libertad y la grandeza de la creación, la cual deseamos tragarla en un solo respiro, dejando que la brisa toque todo nuestro ser y como un aire fresco el silencio reconforte nuestro ser tan fatigado de momentos y de pensamientos, de sucesos que como una cadena va uno detrás del otro incansables e interminables.
Todo cambia cuando nos encontramos en el verdadero silencio, nuestra alma se eleva, trasciende a dimensiones inimaginables, descansa y sueña. Qué estado mas hermoso el de la soledad y el silencio. Creo que el alma al ser creada en el silencio profundo de la eternidad, experimenta la eternidad cuando vive en el silencio, toda palabra que proviene de la sabiduría eterna se logra percibir, nos encontramos con lo que verdaderamente somos, experiencia que transforma y nos vuelve al verdadero camino, es como encontrar un oasis en el desierto. Hoy debemos poseer almas de ermitaños en medio de estas moles de cemento, para no perder la esencia que desde la creación poseemos y que se manifiesta tras el cese de todo ruido, de todo sonido que entorpezca la armonía interior.  Qué dulce es el silencio.

sábado, 6 de agosto de 2011

DEJARSE ENCONTRAR POR EL DIOS QUE NOS HABITA


(Meditación a partir de la película El gran silencio, de Philip Gröning)


Llega la Cuaresma y todo buen cristiano que se precie, todos nosotros, nos apresuramos a hacer nuestros propósitos de conversión o mejora de aquellos aspectos de nuestra vida que andan un poco descuidados y que hacía tiempo que queríamos corregir, superar o mejorar. Intensificamos la oración, hacemos algún retiro, nos privamos de algún bien material por ascética y por solidaridad, leemos más frecuentemente la Palabra de Dios... Lo normal. Tradicionalmente, la Cuaresma nos reclama, desde el miércoles de ceniza, limosna, oración y ayuno (cf. Mt 6, 1-6.16-18). 
Lo cierto es que la liturgia cuaresmal, con sus lecturas, sus oraciones y alguno de sus prefacios nos sitúa ante un precioso itinerario a recorrer: el mismo camino de progresiva libertad que recorrieron los israelitas durante cuarenta años, al salir de Egipto, a través de un inmenso desierto hasta llegar a la tierra prometida. El mismo que anduvo Jesús hasta entrar en Jerusalén y entregar allí su vida para verla recobrada nueva, resucitada, de las manos del Padre.  

Nosotros queremos proponer vivir intensamente los cuarenta días y cuarenta noches de esta Cuaresma iluminados por las inspiraciones que arroja sobre la vida cristiana una película que, contrariamente a todas las previsiones razonables, ha resultado todo un éxito en Alemania, Italia, e incluso en nuestro país que, “oficialmente”, se jacta de su secularización. Nos estamos refiriendo a la película documental El gran silencio, del director alemán Philip Gröning. Espléndida película que recomendamos vivamente a nuestros lectores. Eso sí, es preciso verla en absoluto silencio, con actitud contemplativa, sin juicios sobre lo que vemos, dejándonos envolver por la belleza de la imagen y el estado puro de sonidos cotidianos que ya no estamos acostumbrados a escuchar: pasos, el canto de los pájaros, el viento agitando las ramas, las gotas de lluvia... Y es preciso verla sin prisas. Son casi ciento ochenta minutos de escenas aparentemente repetitivas, que la distinta mirada del autor y del espectador convierte en nuevas.  
Cuando vi la película, inmediatamente se me ocurrió que había allí muchas pistas que podían resultarnos “útiles”, a los que estamos rodeados y “avasallados” por el mundanal ruido, las prisas, y unas agendas que necesitamos repletas para sentir nuestra vida valiosa y justificada. Pistas para vivir con más calidad nuestra vida humana y cristiana. Así pues, os propongo meditar cinco de las llamadas o reclamos que yo experimenté viendo El gran silencio. Cinco luces que pueden alumbrar nuestro camino de Cuaresma y toda nuestra vida, en la que somos llamados a dejarnos encontrar por el Dios que habita nuestro recinto interior.
 


http://www.discipulasdm.org/oracion/retiros/retiro_el_gran_silencio.htm

sábado, 16 de julio de 2011

Camino en el desierto

 AVE MARIA

Camino en el desierto

El desierto propone el secreto que lleva a conocer una pedagogía que le es propia y le pertenece. Es útil y oportuno recordar las distintas experiencias narradas en la Biblia. El mísmo Jesús se preparó en el desierto durante 40 días y se retiraba a orar en soledad. El desierto es un gran lugar de caracter teológico. En el desierto, Dios se revela y entrega su nombre como gesto de presencia cercana y amiga. En el desierto, Dios hace su Alianza con su pueblo elegido y alimenta a sus seguidores con manjares misteriosos.
Es en el desierto, donde los que se animan a estar con Dios experimentan las tentaciones del demonio. En él se puede recuperar el primer amor esponsal. Allí en el desierto se siente la fuerza silenciosa de Dios, presente en el suave susurro de la brisa. Moisés, Oseas, Elías pasaron por las aulas del desierto. San Benito, San Bruno, y tantos otros siguieron los pasos de Jesús en ese mismo lugar.

En el desierto, se hace presente el lugar del orante y el contemplativo. Es allí en el desierto donde el ermitaño aprende a habitar también consigo mísmo, vivir la interioridad y descubrir los secretos del corazón, lugar de residencia del Paráclito. En ese desierto se acepta la realidad personal cruda. Ayuda a vivir la en la verdad y la autenticidad, contrarias a la superficialidad de lo pasajero. El desierto es el sabio silencioso que enseña la ambiguedad y la fragilidad del corazón humano. Lugar donde se conoce la misericordia y asistencia del Señor. 

ANÓNIMO
 caminodelanacoreta.blogspot.com/2009/11/camino-en-el-desierto.html

miércoles, 13 de julio de 2011

Jaume Boada i Rafí O.P.



Peregrino del silencio  

Contemplación y silencio
El peregrino del silencio, para poder avanzar con alegría, sin prisas inquietantes y sin pausas adormecedoras, debe abandonar al lado del camino las propias evidencias y, con ellas, la tentación por la eficacia.
Hay expresiones comunes entre los orantes que deberían desterrarse. Por ejemplo "hacer oración". ¿Es que la oración se hace, o se fabrica a base de pensamientos, palabras o actitudes? ¿Es que la oración la puedes hacer tú?
Yo diría, más bien, que la oración se vive o, en todo caso, se recibe como un don.
Nuestra actitud orante tendrá que estar definida por la donación, la entrega, la expresión de amor y también la escucha, la espera, la mirada y la atención.
¡Qué poco sabemos de Dios! Sí, sabemos poco porque hacemos "nuestra" oración. Hablamos y no escuchamos. Decimos y no miramos. Buscamos darnos y no esperamos.
Ante el misterio de amor que es Dios, al peregrino contemplativo sólo le cabe abandonarse en un gran silencio, a la espera de la palabra. Es el camino del silencio prolongado, lento, lleno de amor y entrega y, también, lleno de la paz de quien tiene bastante con estar amando, mirar gozando, y suplicar esperando.
Señor: te amo, te espero, te ansío, te busco, te espero. Ven, Señor, ven. Maran atá.
Tienes las puestas de mi vida abiertas de par en par. Llénalas de luz y de amor. Todo es tuyo, solo tuyo. Quiero ser un solo "todo en ti".
Llega un momento en la vida del orante en que descubre que el mismo silencio elocuente de su alma abandonada y entregada, abierta plenamente al amor, es ya, en sí misma, oración.
Sí, amigo peregrino: no lo dudes. Tu silencio es tu mejor oración. No hagas "tu" oración. Prepárate, abandónate y espera, calla. Dios hace en ti la oración. Así estás haciendo camino para conocer a Dios.
Es esta una etapa de la vida contemplativa a la que se accede después de un largo y lento proceso de purificación de la propia vida y oración. El peregrino del silencio llega a ella a base de esfuerzo pero, sobre todo, gracias a la conducción del mismo Espíritu Santo, a la obra de su gracia, porque es Él quien, en verdad, hace el camino en el orante.
Por este motivo, el peregrino del silencio descubre que aprender a orar es aceptar la pobreza de callar y sentir el silencio. Es éste un silencio que, a la larga, resulta elocuente.